TERESA ISRAEL: MILITANCIA Y COMPROMISO 

Nació el 2 de abril de 1954 y fue secuestrada de su hogar el 8 de marzo de 1977 y desde entonces permanece desaparecida esta joven abogada comunista.
A treinta y dos años exigimos justicia.
Adherente desde muy joven a los principios humanistas de la solidaridad y el socialismo que había recibido en su casa paterna, Teresa Alicia Israel, comenzó su militancia en la Federación Juvenil Comunista. Esos ideales y el compromiso permanente con la verdadera justicia, aquella que no existe en un régimen sostenido a partir de la explotación del hombre por el hombre, la llevaron a elegir la carrera de Abogacía, para defender al pueblo de sus verdugos, a los oprimidos de las garras de los poderosos. Una vez graduada con excelente promedio en la Facultad de Derecho de la UBA, fue promovida al Partido.
Ya desde su época de estudiante, Teresa chocó con el modelo autoritario y represor de esta sociedad, que pretendería hacerla callar ante las injusticias. En tiempos de la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse, los estudiantes de la carrera de Abogacía reclamaban por mayores cursos de promoción sin examen. Las excusas de la intervención para negarse a acceder al reclamo fueron la ausencia de profesores y presupuesto. Mediante sus organizaciones estudiantiles, los alumnos, con Teresa como una de las principales impulsoras, convocaron a los cursos y docentes. Esto le valió, juntamente con otros dirigentes estudiantiles, sufrir el hostigamiento y la persecución por parte del fascista decano Alberto Rodríguez Varela. En 1973 este hostigamiento se manifestó en una injusta sanción administrativa, que le impidió cursar y rendir durante un año materias de la carrera.
Pero esto no cejó las ansias de cambios y la voluntad de Teresa Israel, que poco tiempo después de cumplida la sanción, se graduaría con excelentes notas. Una vez recibida, se incorporó rápidamente a la Comisión Jurídica de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. En la defensa jurídica de los presos políticos, al igual que muchos de sus compañeros de la Liga, no actuó desde compartimentos estancos; siempre lo hizo teniendo la solidaridad como arma, siempre estuvo dispuesta a defender a todos los presos del campo popular, sin distingos de credos, ideologías o pertenencias partidarias.
A lo largo de toda su acción como abogada, Teresa tuvo que enfrentar ataques, amenazas y provocaciones de parte de las fuerzas represivas. En la madrugada del 8 de marzo de 1977 -el Día Internacional de la Mujer-, una patota de la dictadura nazi fascista de Videla y compañía ingresó al domicilio de la familia Israel en la calle Campichuelo. Quien oficiaba de jefe adujo que existía una denuncia para llevarse a la joven y valiente abogada comunista. El secuestro y desaparición de Teresa Alicia Israel movilizó de inmediato no solo a su familia, sino a militantes del Partido, la Fede y la Liga, que enfrentando al terror imperante realizaron las más diversas gestiones judiciales como la presentación de hábeas corpus, o extrajudiciales como distintos reclamos ante organismos oficiales y la Iglesia, para exigir su inmediata aparición con vida.
La solidaridad del pueblo con la causa se vio reflejada en un petitorio reclamando por su seguridad y libertad, nacido de la iniciativa de familiares de aquellos presos políticos que Teresa había defendido, que prontamente contó con numerosas adhesiones. En los barrios que la vieron crecer, en Almagro y Villa Crespo, también floreció la solidaridad de los vecinos comprometidos, quienes por medio de sus organizaciones dispusieron medidas y actividades para demandar su libertad.
Caída la dictadura, se pudo saber que los represores tuvieron en cautiverio a Teresa en el Centro Clandestino de Detención El Atlético, un edificio ubicado en Cochabamba e Ingeniero Huergo, donde funcionaban almacenes y depósito de la Policía Federal y que operaba al mando del Primer Cuerpo de Ejército. En su prisión, enfrentó la tortura y las aberraciones de sus captores con la dignidad de una militante convencida de que a la barbarie sólo pueden oponerse las ideas, los sueños y las acciones, para la construcción de un mundo distinto, mejor. En el campo de concentración, fue reconocida incluso por familiares de sus defendidos políticos, como es el caso de Ana María Careaga.
Su testimonio, como el de otros sobrevivientes del horror, da cuenta de la inmensa solidaridad y bondad de Teresa Alicia Israel.
Texto sacado de Nuestra Propuesta. org
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